
El Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) en Argentina experimentó una pérdida de poder adquisitivo del 35,9% durante los dos primeros años de gobierno de Javier Milei, un retroceso que supera el registrado en administraciones anteriores. Este declive se produce luego de que el Gobierno fijara unilateralmente el monto ante la falta de consenso entre cámaras empresariales y sindicatos, estableciendo los valores hasta agosto de 2026.
La comparación es contundente: el SMVM pasó de $146.000 en noviembre de 2023 a $328.400 en noviembre de 2025. Aunque el incremento nominal es del 124,9%, la inflación acumulada en el mismo período se estima en 250,7% (proyectando un IPC del 2,5% para el último mes).
El efecto es palpable en la vida cotidiana. Para el trabajador por hora, el valor se incrementó de $730 a $1.642. Mientras que con los $730 de octubre de 2023 era posible comprar un litro y medio de leche fresca, con los actuales $1.642, "ahora apenas un litro".

La tendencia a la baja continuó en el segundo año, con una pérdida proyectada del 8,5% real para 2025. Se estima un aumento nominal del 19,7% ($279.718 a $334.800) frente a una inflación pronosticada del 30,8%.
El esquema de aumentos fijado por la administración actual prevé una escalada decreciente y muy acotada. Por ejemplo, entre agosto ($322.200) y noviembre ($328.400) de 2025, el aumento fue de solo 1,92%, muy por debajo de la inflación acumulada de 6,43% para ese trimestre. Esta política anticipa incrementos paritarios que aspiran a aproximarse al 1% mensual. Entre agosto de 2025 y agosto de 2026, el SMVM solo aumentaría un 16,9%. El SMVM arrastra una caída de larga data, habiendo perdido un 60% de su valor real desde 2011.
Consecuencias
Un informe del Centro de Investigación y Formación de la República (CIFRA) subraya el alcance de este retroceso. Según el estudio, si el salario mínimo no hubiera perdido su capacidad de compra a lo largo de la última década, "superaría actualmente los $800.000, más del doble" de su valor actual.
Tras este retroceso, "el valor real del salario mínimo es inferior al que rigió durante la mayor parte de la década de 1990". Esta situación se asemeja a la crisis final de la Convertibilidad, un momento en que, al igual que hoy, la política de salarios mínimos "había sido deliberadamente abandonada como herramienta para determinar pisos salariales e impulsar una menor desigualdad en los ingresos".
La Ley de Contrato de Trabajo establece que el SMVM debe ser la menor remuneración que asegure al trabajador "alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte, esparcimiento, vacaciones y cobertura previsional," y ajustarse periódicamente según el costo de vida.
La cruda realidad es que el actual SMVM no cumple ninguno de esos objetivos. El valor del salario mínimo impacta no solo en los trabajadores registrados con sueldos bajos, sino también de forma indirecta como referencia para los trabajadores no registrados o informales, que representan cerca del 40% de los asalariados. Además, dado que su valor es inferior al de la jubilación mínima, ha perdido su capacidad de garantizar el 82% del SMVM a los jubilados con 30 o más años de aportes que no recurrieron a moratorias.